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¿Porqué creer?

Por Mauricio Valdivia Gallardo

Creo que es más difícil para el hombre manifestar que no cree en nada, que considerarse creyente, pues su primera contradicción es creer que no cree. Desde siempre el hombre ha creído en algo, pues de no ser así, para que ir a dormir cada noche si no creemos que amanecerá…

¿Qué hubiera pasado si Gandhi no hubiera creído en la paz, si Teresa de Calcuta no hubiera creído que el pobre entre los más pobres necesitaba amor, o si Arturo Prat u 0’Higgins no hubieran creído en una patria libre, si Neruda, Benedetti o Gabriela mistral no hubieran creído en la posibilidad de un verso, si nuestros padres no hubieran creído en nuestra vida, si Mozart no hubiera creído en la melodía y el ritmo, si el profesor no creyera en la pedagogía, si el médico no creyera en la recuperación, si el científico no creyera en las ciencias, si Cristóbal Colon no hubiera creído que la tierra era redonda, o sencillamente si el hombre no creyera en la posibilidad de amar…? ¿Qué hubiera pasado? ¿Qué pasaría?        

Creo que creer constituye la confianza en el hombre y esta es la que impulsa el espíritu a vivir una esperanza de que vale la pena vivir. El hombre no vive solo, aunque a veces lo pretende, este vive con otros y el desarrollo de este pende de las relaciones, pues nos necesitamos unos a otros para progresar en todos los aspectos y es necesaria la confianza, creer en el otro, y no como medio sino como fin de algo para todos y no sólo para mí.

El fenómeno actual en la sociedad es el no cree en nada que no tenga demostración, por lo tanto creer en Dios es imposible porque no se puede demostrar empíricamente, o sea desde los sentidos; pero sin embargo el hombre es capaz de creer en cosas sin demostraciones empíricas, por ejemplo: cada vez que utilizamos la lavadora (me refiero a las lavadoras antiguas, sin lucecitas, ni timbres de aviso), para lavar la ropa, no comprobamos empíricamente que a esta le esté llegando la electricidad necesaria para que funcione ¿se imaginan? meter los dedos al interruptor eléctrico (220 volt continuos), cada vez que vamos a lavar la ropa… tendríamos los dedos crespos y de ser así, preferiría andar con la ropa sucia. En cambio no creer en Dios acomoda, ahí sí que exigimos comprobación empírica, pues al no tenerla, vivimos sin condicionamientos morales y así justificamos una falsa libertad.

Por otro lado, cuando nos enfrentamos a las dificultades de lo cotidiano y la razón no nos da respuesta ¿A dónde vamos a parar? Por ejemplo: en un terremoto, cuando se nos cae todo ¿Cómo nos explicamos las cosas? ¿Qué razones nos damos? Generalmente ahí es donde nos acordamos de Dios casi instintivamente y ahí sí queremos creer para que nos dé una explicación, o para culparlo. Entonces creemos en Dios si este nos responde, sino no creemos y Dios no es Dios.

Los niños son el mejor ejemplo de confianza. Un niño recién nacido vive esta confianza como instintivamente, por así decir, pues no es nada lejos de los brazos de su madre, cuando este crece y ya puede caminar, no se suelta de la mano de sus padre, pues confía en ellos ciegamente. Creo que por eso Dios se nos presenta como Padre, que busca esa confianza obvia de sus hijos para con Él, no porque Él necesite esa confianza, por el contrario, somos nosotros los que la necesitamos, pero Él no obliga a nadie. Imaginemos a un niño de no muchos años caminando de la mano de su padre por una peatonal de alto tráfico humano; este camina feliz, patea las piedras, mira a su entorno, etc. Pero si en algún descuido, se suelta de la mano de su padre ¿Qué hace este? Simplemente rompe en llanto y no sabe qué hacer…

Creer es definitivamente humano, por ende, no reneguemos de nuestra humanidad, pues es importante creer. Frente a la muerte, ¿Que nos queda sino creemos en la resurrección? Nadie sabe lo que hay después de la muerte, pero si sabemos que moriremos y está en cada ser humano la posibilidad de creer que resucitaremos a la vida eterna. Pascal fue muy práctico o lógico, por así decir, cuando dijo: “Prefiero equivocarme creyendo en un Dios que no existe, que equivocarme no creyendo en un Dios que existe. Porque si después no hay nada, evidentemente nunca lo sabré, cuando me hunda en la nada eterna; pero si hay algo, si hay Alguien, tendré que dar cuenta de mi actitud de rechazo.” Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.

 

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